Ya era de noche en esta ciudad. La práctica abierta de la selección se había terminado . Los jugadores aplaudían al público en la mitad de la cancha y se llevaban una ovación. 

 Angel Di María patea una pelota a la tribuna y todos lo festejan. Hasta que de pronto, la paz se interrumpe: unos 15 hinchas invaden el campo de juego.

El primero que entra va directo a buscar a Lionel Messi y Leo le regala su buzo. Entonces, se arrodilla ante él, le agradece. Otro salta y deja atrás el alambrado. Asombra a todos por su parecido con Ronaldinho , el crack de estas tierras que juega aquí, en Atlético Mineiro. No logra llevarse ningún tesoro de los jugadores argentinos, pero se da el lujo de hacerle una reverencia a Messi. Al final del día es uno de los hombres de la noche y da entrevistas con una de sus manos ensangrentadas producto de los cortes que se hizo al saltar.

Se llama Robinson Oliveira, tiene 23 años y se dedica a imitar a Ronaldinho. El parecido físico es asombroso y él mismo cuenta que hasta le pagan por ser extra del crack en publicidades y llega a ganar entre 500 y 10.000 reales al mes. Está vestido con la camiseta del Mineiro y usa la inconfundible vincha.

“Quería saludar a Messi, es mi ídolo, y, por suerte, pude hacerlo. Me metí en la cancha, porque estaba fácil”, cuenta Robinson, que hasta le hizo soltar una carcajada a Leo, quien no podía creer el parecido con su amigo Dinho.

Al falso Ronaldinho lo acompañaban dos jóvenes, quienes sí se llevaron un premio: Thiago, quien consiguió el buzo de Ezequiel Lavezzi , y Ricardo, a quien Javier Mascherano le terminó dando su camiseta. Flashes y momentos del furor que generó Messi en su primera aparición pública en Brasil .

 
36 minutos de práctica para todo público en el estadio Independencia de Belo Horizonte; terminó con ovaciones, y hasta con una reverencia para Leo, quien le regaló su buzo a un fanático.   Foto: LA NACION  / Fabián Marelli / Enviado especial

  

36 minutos de práctica para todo público en el estadio Independencia de Belo Horizonte; terminó con ovaciones, y hasta con una reverencia para Leo, quien le regaló su buzo a un fanático.  
 
Fuente: LA NACION  / Fabián Marelli / Enviado especial