Muchas veces sentimos que en nuestra provincia y en nuestro país nada funciona. Como si se tratará de una maldición todo esta hecho para que nunca funcione como debería, o quizás los argentinos llevamos impregnados en nuestra génesis hacer lo imposible para que todo sea un dolor de cabeza…

por Néstor Luna

No tengo señal del celular, los telefonos fijos están ligados, el 3G es una mentira, no hay agua en gran parte del día, la luz se corta imprevistamente y frecuentemente, el transporte público nunca cumple los horarios, los bancos siempre tiene más ventanillas vacias que las que atienden al público, las ambulancias nunca llegan, las oficinas de atención al público son un trauma siempre, etc, etc ,etc…

Una interminable lista cotidiana de lo que nunca funciona como debería, o como te lo promocionan. Un karma existencial que cada uno lleva de por vida en este país, sin que nadie pueda explciarlo. Esta tendencia también llego a la Justicia y las fuerzas de seguridad. A diario los medios de prensa dan cuenta de robos, asesinatos, accidentes y estafas, sin que nadie explique la segunda parte. Esa que nos haga entender el porque.

Somos un manojo de frustracciones, sazonadas con impotencia. Y lo peor cuando nos toca estar del otro lado del mostrador, actuamos igual o peor de quienes criticamos.

Es imposible crecer bajo esta realidad. No alcanza con que los gobernantes cambien, si el cambio profundo no surge de la sociedad. Somos exactamente igual a los que detestamos con pasión.

El país del nada funciona, parece destinado a no funcionar. Porque la Justicia no hace nada y la clase politica menos y los dirigentes son solo un sello de goma.

Alguién debería incentivar, premiar, a quienes se esfuerzan por hacer bien las cosas. Y castigar a quienes no lo hacen. Desde empresas de servicios que facturan millones por mes, hasta los corruptos que sin pudor ni remordimientos pasean su riqueza mal habida por los ojos de todos. Actuar en consecuencia, que el ladrón sea nivelado por igual desde el motochorro al estafador. Que nuestras pobres vidas no dependan de las ganas de unos cuantos, que las ambulancias lleguen, que los telefonos sirvan para comunciarse, que las canillas multipliquen agua, que las luz siempre alumbre y que detras de una ventanilla siempre encuentres a alguien dispuesto a solucionar tus problemas…

Quizás es mucho pedir, quizás es una utopía, quizás nunca me resigne a convivir con la maldición de que nada funcione…